Hemos escuchado hablar mucho de ella, sabemos
que es importante y aun así, podemos no saber con certeza lo que la fe es y qué
papel significativo tiene en nuestra vida espiritual, ya que sin ésta no hay
vida espiritual y en consecuencia no puede haber un fruto Isaías 43:2.
Como vemos en Hebreos 11:1, es por medio de la fe
que podemos ir más allá de lo que vemos, oímos o sentimos; nos permite
adentrarnos en el mundo espiritual; acercar el reino de Dios a la tierra. La fe
nos es dada para que podamos acercarnos a Él, como dice Hebreros 11:6 es
imposible acercarnos a Dios sin fe, dado que a Dios no lo podemos percibir con
nuestros sentidos naturales, necesitamos un medio espiritual para comunicarnos
con Él y experimentar su presencia y poder. Por medio de la fe sabemos que Dios
es y lo podemos conocer.
Todos los seres humanos tenemos una medida de
fe que Dios nos da como regalo, sin merecerlo, sin pedirlo (Romanos 12:3c).
Sin embargo, como sabemos es un regalo de Dios
y todos tenemos cierta medida de fe, sin embargo, a partir de ahí depende de
nosotros si ejercitamos nuestra fe, ésta crecerá.
En Gálatas 5:16- 26, podemos observar la lucha
entre el Espíritu y la carne, ya que se oponen entre sí. La carne siempre nos
va a llevar a satisfacer nuestros deseos vanos y temporales, mientras que el
Espíritu nos llevará a Dios.
La carne nos llevará a dudar. La incredulidad
es el peor pecado, ya que de éste se derivan los demás. Una vez que empezamos
de dudar de la veracidad de la palabra de Dios, empezamos a dudar de todo lo
demás concerniente al Reino de los cielos.
Si aplicamos esta premisa a la fe, nos podemos
dar cuenta que es el Espíritu Santo el que nos permite conocer a Dios y darnos
cuenta que la Palabra de Dios es la verdad y esto lo podemos encontrar en Juan
16:13. Cuando encontramos la verdad nuestra fe aumenta, al conocer los
testimonios de su poder, las promesas de amor, las profecías cumplidas y el más
grande acto de amor de la historia; la salvación por medio de nuestro Señor
Jesucristo. Si leemos la Biblia sin fe, no es más que otro libro que se suma al
intelecto, palabras sin trascendencia; por otro lado, si la leemos con fe y con
el Espíritu Santo como nuestro guía, las palabras cobrarán vida y así podremos
conocer a Dios como si estuviera junto a nosotros en la misma habitación.
Siguiendo la parábola de Lucas 17:6, en donde
habla la fe como un grano de mostaza, (el cual es de las semillas más pequeñas
que existen) podremos decir a un árbol que se mueva de lugar y éste se moverá.
Todos nosotros tenemos este granito de mostaza cuando nos acercamos a Dios,
conforme vamos creyendo en Él y en Su Palabra, nuestra fe va aumentando, va
echando raíces, van creciendo arbustos, hasta que se hace un gran árbol y damos
fruto; naturalmente y sin esfuerzo (Salmos 1:3). Entre más tiempo pasamos con
alguien, fácilmente nos podemos dar cuenta si es digno de confianza, si cumple
lo que dice, si es congruente con sus palabras y en base a eso depositamos
nuestras esperanzas en esa persona; así mismo es con Dios. Entre más tiempo
pasemos con Él, fácilmente le seremos fieles y confiaremos sin dudar en Él. De
esta forma el Espíritu Santo tiene libertad de obrar en nosotros y somos
transformados en Su presencia a causa de su poder y amor.
¿Tenemos la
fe suficiente para que Dios nos muestre su gloria y pueda ver en nosotros su
fruto hasta ver su obra cumplida?